sábado, 4 de agosto de 2007

Una Historia de Errores

Cuando uno recién está pensando en hacer su tesis o memoria de grado, es muy común caer en ciertos errores que se van repitiendo continuamente. Para ejemplificar algunos de ellos, permítanme contarles una historia (cualquier similitud con la realidad es simple coincidencia).

Jorge Guerra es un típico estudiante de Derecho en una Universidad de Chile. Siempre ha sido un estudiante medio, ni el mejor ni el peor de su curso. Aprobaba los ramos con relativa facilidad, sólo algunas veces había tenido que suspender alguno o hacerlo el siguiente semestre, pero así y todo, Jorge había egresado en un tiempo prudencial: 5 años y medio, lo que no era malo si se comparaba con otros que demoraban hasta 10 años en acabar.

Cuando miraba hacia atrás Jorge se sentía complacido por los pocos sobresaltos que había sufrido durante la carrera. Nunca había estado con esos profesores “monstruosos y abusivos” que obligan a los alumnos a estudiar más de lo normal, haciéndoles más pruebas que las que por reglamento se exigen, y tapándolos a trabajos y monografías. Mientras algunos de sus compañeros se habían visto obligados durante todos esos años a casi vivir en la biblioteca, él había tenido siempre tiempo para tomarse una cerveza con los amigos en el patio o en el pub de turno, iba a fiestas, había tenido novias, frecuentaba el cine, se había involucrado en política, había trabajado para aumentar sus ingresos y etc., etc. Como muchos, Jorge sólo había necesitado tomar los libros cuando se acercaba el período de pruebas o exámenes, el resto del tiempo se lo había reservado exclusivamente para disfrutarlo o dedicarse a otros asuntos.

Sin embargo, ahora que Jorge ya estaba egresado, un día comenzó a sentir cierto malestar que no lo dejaba tranquilo. Esa misma facilidad que había encontrado en su vida académica, había hecho que nunca se sintiera muy destacado. Sin duda sus compañeros lo iban recordar por muchas cosas, pero nadie lo iba a hacer por sus logros académicos. Sabía que su examen de grado ya era caso perdido, porque si bien estaba seguro de aprobarlo la primera vez que lo diera, su nota de presentación no era la gran cosa, y por ello no podía optar a obtener la calificación máxima, sino una bastante menor. Entonces Jorge pensó que su gran oportunidad se presentaba en el trabajo final para obtener el grado, ahí podría hacer un trabajo majestuoso, algo nunca antes visto, incluso si hacía las cosas bien podía que se la publicaran, y entonces cuando el resto viera su nombre escrito en letras de molde sabrían quién era en verdad Jorge Guerra.

Ante esta halagüeña perspectiva de éxito y fama (y por qué no decirlo, también de dinero) Jorge comenzó a pensar en ese trabajo final. Había escuchado que lo más importante en este caso era hacer algo completamente novedoso, algo que innovara en las raíces mismas de la teoría jurídica, que descubriera la quintaesencia del Derecho. Este iba a ser el gran trabajo de su vida, y por eso el tema a escoger debía ser bien meditado.

Pensando y pensando Jorge llegó a la conclusión de que el área que le podía traer los mayores dividendos era el Derecho penal: ahí confluían muchas otras ciencias y disciplinas que toda persona “erudita” debía manejar. Se dijo entonces que el tema de su trabajo debía estar enmarcado en esa área, e involucrar a la vez no sólo las teorías criminales, sino también la filosofía, la sicología, la sociología, y cuánta cosa se le ocurriera. Una noche decidió no salir con sus amigos ni ir a ver a su novia, y se quedó pegado en su escritorio imaginando el título de su tesis. Al final, luego de muchos cigarrillos y un par de litros de café, encontró lo que andaba buscando, esta se llamaría: “Tratado sobre la aplicación del imperativo categórico kantiano en el análisis del comportamiento sicológico de la delincuencia juvenil a la luz de las teorías funcionalistas de Niklas Luhmann”.

Con la tarea hecha, Jorge se fue a dormir muy satisfecho de sus capacidades.

Cuando al otro día volvió a mirar escrito en el papel el resultado de la anterior noche de insomnio se sintió aún más orgulloso de sí mismo. El título de sus tesis tenía exactamente lo que él quería: sonaba fuerte, majestuoso, era largo (como en los libros antiguos), y por sobre todo era novedoso, estaba seguro que nunca nadie había intentado siquiera aproximarse a ese tema. Obviamente para Jorge el hecho de que nunca hubiese leído un libro de penal, más allá del manual con que había estudiado para los exámenes, era un detalle, así como también lo era el que nunca hubiese leído ni a Kant ni a Luhmann. Qué importaba eso, ya tendría tiempo de hacerlo, no por nada se había leído ya todas las obras de Paulo Coelho, Osho y la Metafísica 4 en 1. La filosofía para él no era un misterio, y por lo demás un libro es un libro, y todos se pueden leer igual de fácil y rápido, y para eso él era bueno, lo demostraba el hecho de que sólo demorara un mes en acabar con el Señor de los Anillos. Los libros de Kant, que son más cortos, podría leerlos en menos tiempo.

Con título en mano Jorge se dispuso a inscribir su proyecto. Pero tuvo la mala suerte de que al ir al departamento se encontró con una secretaria “ignorante”, que haciendo uso de lo mas espurio del espíritu burocrático que inspira a estos seres tuvo la desfachatez de exigirle que para inscribir debía llevar un proyecto, con bibliografía, y señalar un profesor guía. Pensando en que por culpa de gente como esa el país estaba como estaba, que eran ellos quienes detenían el avance de la ciencia y del desarrollo, Jorge tuvo que resignarse y volver a su casa a elaborar lo que le habían pedido.

Obviamente Jorge nunca pensó en ir a la biblioteca para consultar primero algunos libros. Ese era un lugar frío y silencioso que lo espantaba, además era totalmente innecesario, ya que el catálogo de la biblioteca estaba disponible on-line y él era muy bueno usando computadores. Así que se llevó una buena reserva de cigarros y café al escritorio y puso manos a la obra. Su primera felicidad fue ver que cuando puso el título de su tesis en el buscador, se encontró con que no había ningún libro que tratara el tema. Se sintió dichoso, no se había equivocado al pensar que con su tesis estaba siendo 100% original. Pero como la tipa aquella le había dicho que la bibliografía era algo imprescindible, tuvo que redefinir su búsqueda y comenzó a agregarle todo aquello que encontró y que podía tener alguna relación con su investigación: agregó todos los libros de y sobre Kant que pudo pillar. Con Luhmann tuvo algo más de problemas, en el catálogo sólo figuraban libros de él escritos en alemán, pero eso no lo desanimó, habían otros libros que hablaban de Luhmann y eso le bastaría. También puso todo lo que en el título hablaba sobre delincuencia, sicología y juventud. Luego de un par de horas de copy/paste ya tenía la bibliografía, ahora iba a hacer el proyecto.

Alguna vez Jorge había visto el proyecto de tesis de un amigo mayor que él, así que sabía que era más o menos como un índice con los capítulos del libro, así que no encontró nada mejor que desglosar el título de su memoria y rellenar esos capítulos: un primero sobre el imperativo categórico kantiano, el segundo sobre la sicología de la delincuencia juvenil y el tercero sobre el funcionalismo de Luhmann. Después agregaría las conclusiones en donde expondría su teoría revolucionaria, la que habría de valerle todos los galardones.

Con proyecto y bibliografía en mano, se puso a pensar en el profesor guía. De inmediato desechó al profesor de penal que él había tenido durante el curso, porque le pareció poco atractivo, era muy joven, lo explicaba todo muy sencillo y no salía en la TV, así que no lo conocía nadie. Su profesor guía tenía que ser alguien más importante, y por eso pensó que el mejor era un profesor al que todos le tenían pavor en la universidad, de muy mal carácter, pero con varios doctorados y libros escritos a su haber. Además a ese profesor siempre lo entrevistaban en los programas de televisión, y por esa vía se había enterado de que recientemente lo habían nombrado miembro de un organismo internacional de primer nivel, así que pasaba viajando a distintas partes del mundo. A no dudar era el candidato perfecto para que apareciera al lado de su nombre cuando la tesis estuviera lista.

Cuando Jorge fue a la facultad a ver a quien había escogido como profesor guía, tuvo algunos problemas para ubicarlo. Le informaron que como el tipo nunca estaba en Chile, su ayudante era quien hacía la mayoría de las clases, así que debería esperar al menos un mes si quería contactarlo, y además debía ser diligente, porque iba a estar sólo unos días en el país y luego volvería a viajar por otros 2 meses. Pero Jorge estaba decidido, nada iba a evitar que fuera ese profesor quien dirigiera su tesis, por más que sus amigos le dijeran que si estaba loco, que ese profesor exigía dedicación completa a quienes hacían la tesis con él, y que a un chico lo había tenido 3 años investigando, y luego se había demorado 2 en emitir el informe. Jorge sabía que necesitaba titularse rápido porque en su casa no lo podían mantener, y ahora estaba con 2 trabajos, la práctica y además tenía que preparar el grado y ocuparse de su novia (con quien pensaba casarse pronto), pero eso no sería impedimento para que él hiciera su tesis, total, bastaba que le dedicara un rato todos los domingos y de seguro en 3 meses la tenía lista.

Luego de un tiempo, Jorge por fin pudo hablar con aquella eminencia que había elegido como profesor guía. Aunque éste lo miró con algo de desconfianza, y le preguntó 3 veces si de verdad se sentía capaz de llevar adelante el desarrollo de un tema tan complejo, en definitiva aceptó guiarlo, aunque no sin antes incorporar algunos pequeños cambios al proyecto original: en lugar de 3 capítulos como tenía pensado Jorge, iban a ser 8, los otros 5 fueron de temas sugeridos por el profesor. En especial a éste le interesaba que Jorge hiciera un análisis de “la influencia del cine de posguerra en el desarrollo de la delincuencia bajo el Estado de Bienestar europeo”. Jorge le preguntó, tímidamente, al profesor qué tenía que ver esto con el tema original planteado, ante lo cual este le respondió que mucho, y que, “ejem, ejem”, “cofh, cofh”, él estaba escribiendo un libro sobre eso y como no tenía mucho tiempo para investigar lo que Jorge hiciera a él le iba a servir de mucho. Ante tamaña respuesta Jorge no tuvo nada que objetar, era obvio que el profesor lo tenía en alta estima, había notado su valor, y por eso le hacía esa petición. De seguro en su libro el profesor agregaría una gran nota agradeciendo a Jorge por toda la colaboración prestada, incluso quizá hasta lo incluyera como coautor, ya que al parecer era Jorge quien realizaría toda la investigación que luego el profesor publicaría como propia. La bibliografía propuesta por Jorge el profesor no la miró, le dijo que estaba algo apurado porque tenía una conferencia de prensa, pero que confiaba en él y que pusiera lo que le pareciera mejor.

Finalmente, Jorge pudo por fin inscribir su proyecto y ponerse a trabajar. Al principio todas las semanas, luego una vez al mes, después cada vez que se acordaba que sólo le faltaba la tesis para titularse y ya llevaba 8 años en eso…

Demás está decir que Jorge cumple con todos los requisitos necesarios para que en un par de años llame algo desesperado a algún “hacedor de tesis” preguntando que cuánto le cobra por hacerle una. El tema le va a dar igual, lo único que va a querer es que sea rápida.

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Aunque la anterior historia pueda parecer algo tragicómica y muy exagerada, puedo dar fe que en mi vida como “hacedor de tesis” me encontrado con muchos Jorges, es decir, personas que cometen uno o más de los errores que de la historia se pueden derivar.

A continuación sólo enunciaré algunos de ellos, para en posteriores entregas dedicarnos al análisis más particular de cada uno:

1º Aunque Jorge siempre había sido un alumno medio (que, ojo, no es igual que mediocre) pensó que de la noche a la mañana podía transformarse en una especie de teórico revolucionario de su disciplina.

2º Jorge pensó que el trabajo de investigación final de su carrera iba a ser la gran obra de su vida.

3º Al plantearse el tema de su tesis, Jorge no se detuvo a pensar primero si se encontraba realmente en condiciones de abordarlo (materiales, económicas, familiares, sociales, de experiencia, de conocimientos, etc.)

4º Tampoco Jorge se detuvo a averiguar qué tipo de trabajo es el que en su universidad pedían como requisito para titularse, si este era una tesis, tesina, memoria, monografía, u otro.

5º Antes de escoger el tema y hacer el proyecto Jorge no investigó primero si existían suficientes fuentes bibliográficas para llevar adelante la investigación, y si las que habían él efectivamente las podía usar.

6º Cuando estructuró la bibliografía preliminar del proyecto, no revisó previamente los libros incluidos para ver si ellos verdaderamente trataban sobre aquello que él quería investigar o se referían a temáticas completamente distintas.

7º Al escoger el profesor guía, nuestro amigo desechó sin más a alguien que él conocía y sabía cómo se comportaba, y optó por otro, que reconocidamente no tenía una buena fama, y contra los consejos de todo el mundo.

8º Además, Jorge no pensó si el profesor guía tendría tiempo para efectivamente orientarlo en su investigación, o si él tendría que arreglárselas solo durante ella.

9º Al hablar con el profesor, permitió que éste desnaturalizara completamente su proyecto, incluyendo cosas que Jorge originalmente no tenía contempladas y que, a todas luces, extenderían bastante el tiempo razonable de investigación.


Estos son sólo algunos de los muchos errores que aparecen del anterior relato. En los próximos días me dedicaré a analizar cada uno de ellos, dando ciertas orientaciones sobre cómo evitarlos y/o subsanarlos cuando ello sea posible.

Un saludo.

1 comentario:

La Hetaira dijo...

desde hace meses vengo siguiendo tu pista, abriendo una que otra vez este blog. Realmente es interesante y utilitaria tu propuesta por lo cual pregunto si la vas a continuar...?
Espero que la respuesta sea positiva para así poder disfrutar nuevamente de tus consejos.. saludos desde est orilla del río